Archivo mensual: octubre 2018

Pederastia y Pedofilia.

Abuso sexual infantil o pederastia es  toda conducta en la que un menor es utilizado como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o el poder.

El termino pedofilia fue usado  por el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing (1840-1902),  en su libro Psicopatía Sexualis, publicado en 1886, quien usó la expresión Pädophilia erótica. El Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales DSM-IV-TR (2000), refiere que  la pedofilia esta dentro de la categoría de las parafilias, ubicada dentro de la categorización mayor de “Trastornos sexuales y de la identidad sexual.”

La pedofilia,  fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actividad sexual con niños (13 años o menos) durante un período no inferior a los seis meses. Quién la padezca tendrá al menos 16 años y será por lo menos 5 años mayor que el menor.

Se plantean tres tipos de trastorno pedófilos según la edad de la persona que es objeto del deseo sexual: se emplea pedofilia para denominar la atracción hacia niños en edad prepuberal, efebofilia (del griego ephebo ‘niño que ha entrado en la pubertad’) para referirse al deseo sexual hacia adolescentes, y nepiofilia (de nepion “infante”) para designar la atracción hacia niños lactantes o infantes.

Existen investigaciones  que plantean, subtipos de pedófilos  tales como: Los impulsivos, que constituyen los abusadores ocasionales de niños y  los pedófilos propiamente dichos, aquellos que  permanente sienten impulsos sexuales hacia los niños y para satisfacer dicho impulso son capaces de organizar su acoso, escogiendo con cuidado a sus víctimas a los que por su inexperiencia e inocencia, son fáciles presas.

 Howell (1981)  habla de los  abusadores  primarios  y abusadores  secundario/situacional. Los abusadores primarios muestran una inclinación sexual casi exclusiva por los niños y su conducta compulsiva es independiente de su situación personal. El pedófilo   presenta unas distorsiones cognitivas específicas: consideran su conducta sexual como apropiada (no se siente culpables ni avergonzados), planifican sus acciones, pueden llegar a atribuir su conducta a un efecto de la seducción por parte del menor. La tendencia es a permanecer soltero, a veces se casan para guardar las apariencias, Sus víctimas suelen ser varones.

Los abusadores secundarios o situacionales,  su conducta viene inducida por una situación de soledad o estrés: el abuso suele ser un medio de compensar la baja autoestima o de liberarse de cierta hostilidad. No son estrictamente pedófilos, en tanto que su inclinación sexual es hacia los adultos, con los que mantienen normalmente relaciones problemáticas (impotencia ocasional, tensión de pareja…); sólo recurren excepcionalmente a los niños y lo hacen de forma compulsiva, percibiendo su conducta como anómala y sintiendo posteriormente culpa y vergüenza. Suelen tener un historial evolutivo y de habilidades sociales y heterosexuales más o menos normal, aunque suelen presentar algunos déficits de habilidades, especialmente en sus relaciones íntimas.

 Groth (1978),  habla de abusadores regresivos son adultos con patrones convencionales de relación sexual. Pueden desarrollar  interés sexual por menores como método de afrontamiento de situaciones en las que carecen de una pareja idónea, ésta no está disponible, o en un momento estresante de sus vidas. El abuso a menores es oportunista, situacional e impulsivo, con frecuencia sin planificación previa o al menos sin mucha elaboración. Por este motivo, sus víctimas suelen ser menores que se encuentran próximos a su entorno familiar o social, de fácil acceso para el abusador.

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